domingo, 10 de abril de 2016

BOGOTÁ 18


Miro el cielo, un cielo encendido de lámparas,
y el aire que sutura las montañas,
distingo a unos hombres levantando una torre,
La ternura de un perro extraviado detiene a los autos,
el aroma de las cafeterías hipnotiza el ritmo del tiempo.
Ah, el tiempo ha fugado de su espacio.
La fuerza breve de una flama se aquieta en una cópula.
El pecho se regocija ante la mirada diáfana
de los transeuntes, me rodea la simétrica bahía
de una alucinacion indestructible.
Bogotá, pronuncio, y sigo caminando.
El asombro salta del escarnio,
se ofusca de resoplo, se equilibra la gracia
y  la viscisitud aniquila toda infamia.        
Encuentro el gesto amable de un malabarista
que lanza esferas de vidrio por las nubes.
Un chorro gélido de  cruces empuja la tráquea.
y de una perfumería veo salir la fragancia más inquietante
tomando la forma de una sinuosa mujer,
Distingo el timbre de un anciano que canta levitando
por el asfalto y el sonido gutural de su despedida
deslumbra de impacto.
Y de pronto me doy cuenta que estoy lejos,
lejos  y salvo.            
Bogotá, pronuncio, cuando camino veo acuarelas
sobre las paredes, chorlos anidan en las ventanas 
y sobre el filo de un naipe
una mariposa no deja de aletear.

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