lunes, 21 de noviembre de 2016

COMO CÁLIZ EN LA BRUMA



Si me enfrentara al poder del sol en el cenit,
me refugiaría en tu figura de mármol
y relámpago,
me envolvería en el aire junto
a emblemáticos lermos
mientras se desparrama el cielo de cuclillas
 y las rieles del tiempo se cubren de fuego .
Si quisiera asir la forma de la nieve,
pensaría en tus manos, en los caminos,
en los caminos que hay
en las líneas del deseo,
ese deseo por tocar la crispada piel del horizonte.
Y si pensara en algunas palabras alrededor tuyo
dentro del cáliz en la bruma,
en el lienzo de ínfimos juglares,
abandonaría el imperio que he imaginado
en el jardín de múltiples colores.  
Si solo fuera suficiente pensar
en la fuerza de tu afecto . 
Si me perdiera en lo níveo,
en un púlpito de niebla,
en  árboles de piedra,
en la espuma del agua,
en el nudo de una horquilla.
Si lograra derribar las fronteras de la distancia,
de lo invisible, de la lejanía,
de la fusión de las galaxias.
Si lograra verte en este tiempo desolado,
tan solo si fuera posible palparte con esdrújulas,
para retener ese momento exacto,

donde sé que me has soñado.       

sábado, 22 de octubre de 2016

POEMA DE PÓLVORA


El tiempo se ha transformado en tu voz,
te veo ir junto a la lava del abismo.
Toda oscuridad es más oscuridad en tus manos,
en tu compañía siento la brizna,
sangro de intensidad y de pólvora.
Unos tentáculos de almizcle
se transforman en destellos,
entre el estruendo y el asombro.
Alucino tus manos de niña de hierba,
alucino tu piel entre la locura de una mariposa.
Llévame contigo, llévame contigo
en este día junto al sol,
donde parece que todo lo vivido
se convierte en ceniza.
Llévame, te lo repito, aunque sea
en el fondo de tu pensamiento.   


domingo, 10 de julio de 2016

EL OLOR NO ES BLANCO

          (Un cuento del libro: El aire que corta la piel)
   
    Desde arriba todo movimiento es diferente, las nubes blancas
flotando en la alta atmósfera, el sonido de la fricción del aire
parece estamparse en la mente, tras haber dejado atrás los
tímpanos. Desde arriba se distingue la redondez del planeta
y la imagen del mar es amplia y sobrecogedora; a través de
las ventanillas, con mucha dificultad, uno logra discernir el
verdor de los campos y los diminutos sembríos en la tierra.
Tras doce horas de viaje el avión aterrizó en Amsterdan.
En cuanto las aeromozas lo consintieron, yo tomé mi equipaje
de mano y descendí de la nave. La parada, en mi caso,
era solo para hacer un trasbordo para llegar a Roma, mi
destino final. En la entrada de la oficina de Migraciones una
mujer decía en inglés: «Here, please». Los pasajeros hicimos
una larga fila. Uno a uno fuimos consultados por nuestro
destino y solicitaron nuestro pasaporte y la visa correspondiente.
Por fin había llegado a Europa. Una alegría, que aun
ahora me es imposible transmitir, me embargó. Recordé los
rostros de varios conocidos que habían salido del país. El
primero fue Junior, mi compañero de la universidad, que
logró hacer un posgrado en EE.UU. y se casó
con una norteamericana; buen estudiante pero con la
arrogancia en cada palabra que pronunciaba. En su primer
retorno, solo se dedicó a contar las maravillas de vivir en
la primera potencia del mundo. La segunda persona fue mi
exenamorada, Amelia, quien se fue del Perú a los veintidós
años para terminar Filosofía en la Sorbona,
ella era una afrodita andina.

domingo, 10 de abril de 2016

BOGOTÁ 18


Miro el cielo, un cielo encendido de lámparas,
y el aire que sutura las montañas,
distingo a unos hombres levantando una torre,
La ternura de un perro extraviado detiene a los autos,
el aroma de las cafeterías hipnotiza el ritmo del tiempo.
Ah, el tiempo ha fugado de su espacio.
La fuerza breve de una flama se aquieta en una cópula.
El pecho se regocija ante la mirada diáfana
de los transeuntes, me rodea la simétrica bahía
de una alucinacion indestructible.
Bogotá, pronuncio, y sigo caminando.
El asombro salta del escarnio,
se ofusca de resoplo, se equilibra la gracia
y  la viscisitud aniquila toda infamia.        
Encuentro el gesto amable de un malabarista
que lanza esferas de vidrio por las nubes.
Un chorro gélido de  cruces empuja la tráquea.
y de una perfumería veo salir la fragancia más inquietante
tomando la forma de una sinuosa mujer,
Distingo el timbre de un anciano que canta levitando
por el asfalto y el sonido gutural de su despedida
deslumbra de impacto.
Y de pronto me doy cuenta que estoy lejos,
lejos  y salvo.            
Bogotá, pronuncio, cuando camino veo acuarelas
sobre las paredes, chorlos anidan en las ventanas 
y sobre el filo de un naipe
una mariposa no deja de aletear.

martes, 12 de enero de 2016

ZUMBANTE NERVIO


zumbante nervio me persigue a trotes,
da zancadillas cuando me golpea,
a zócalos me lleva y no voltea,
eres zutano, dice, no te agotes.
atando nervios al igual que zorros
puede mi fe dar más que la zozobra,
intento ser el zahorí de la obra
puesta en mi frente como zarza o chorro.
en mi ansiedad avanzan zopilotes
cuando intento zarpar junto a mis dones,
a mi la zurra me divide en clones.
un zafo tiempo que tritura lotes
llega en tormenta, en vendaval de zotes,
me ata y me parte con zetas y nones.