
Moscú, 15 de Mayo de 2005.
El hombre que amo se va en un tren con mi amor desmoronado
y mis piernas parecen doblegarse como avestruces.
La dulzura de mis manos y mi piel delicada, que hace unos meses
dormían junto a él, no pueden evitar ese anochecer que me estrangula.
Mi cabello tiene hilachas de naranja, mis ojos transparentes
son misterios que se mueren delicadamente.
Solo quiero amar a un hombre tan alto como mi frente,